Muchos de nosotros lo conocimos, le dimos su añorada moneda de $100, lo saludamos o, quizás, lo esquivamos. Pedía a los transeúntes del centro de Concepción, una “gambita”, y por eso se le apodó de esa manera. Vestía siempre harapos, mantenía siempre una frondosa barba y sonreía a todo aquel que pasaba por su lado. Sus ojos albergaban ternura y humildad.
Pedro Adán Rivas -así se llamaba- se dirigía diariamente desde Hualpén hacia el centro. Frecuentaba calles como Freire, Maipú y Colo-Colo. No era una persona en situación de calle, como se pudiera pensar. No se sabe si tenía alguna patología mental que lo llevara a pedir limosna para subsistir. Sin embargo, se ganó el aprecio de la gente, ya que nunca se le vio insultando a alguien o siendo insistente o majadero en su petición.
Se supo que murió de cáncer a la vesícula y que había contraído el Covid-19. Tenía 57 años. Su deceso ha provocado gran pesar en la comunidad y se le recordará como un hombre humilde y correcto.
EL PRINCIPE VAGABUNDO FILM